Los rincones de la sierra
Por el valle estás. Con tu juego sencillos, tu cuerpo perdido por entre las ramas del bosque, la esencia de tu sonrisa blanca y la belleza que derramas sobre las horas que pasan. Por el valle estás dándole trascendencia y haciendo que sea trozo de Dios. Por eso el valle no se me olvida sino que me grita de ti, de las ovejas, los padres y los hermanos hasta cuando duermo por la noche.
Y el valle es hermosísimo. Surcado por el río cristal en su centro, atravesado de veredas pisadas por las ovejas, repleto de árboles que lo tiñen de verde, rebosante de trinos de pajarillos, rumor de agua, balar de corderos y música de viento que se rompe sobre las peñas de la laderas y en las ramas del bosque. El valle es como un espejo mágico donde se reflejan los sueños que hay en el corazón y los finos tonos de la tarde.
Subo desde el río que corre por el lado de la tarde y vengo henchido de gozo. Dentro de mí te traigo, la fina belleza del valle, la paz y el silencio de las cosas. También los caminos que serpean, los rebaños que pastan, el río que corre y la armonía de Dios reflejada en todo lo que existe. Por eso el valle es tan único bajo el sol y en mi corazón. Tú le das trascendencia y lo eternizas en el cielo de mis sueños y dentro del abrazo de Dios
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